martes, 8 de junio de 2010

Comunicado

Cuando uno se dedica a investigar y profundizar algunas cosas de la vida que llegan a las manos, a los ojos, los oídos, los pies o cualquier otra parte del cuerpo, se encuentra con una serie de nuevas realidades, las cuales, se logran entrelazar para poner de manifiesto una sola cosa: La vida es lo que es, no importa lo que nosotros pensemos o queramos que sea.

Se pueden dejar escritas miles de páginas sobre deontología o ética y cualquiera que tuviera la oportunidad de leerlas se daría cuenta que el “deber ser” es superado infinitesimalmente por el “ser” y aunque las cosas en el mundo actual fueran mejores si estuvieran más identificadas con el mundo ideal, los mejores poetas, los grandes compositores, muchos pensadores y en general, la mitad más uno de la humanidad, pueden afirmar que muchas de las cosas más placenteras y gratificantes que han hecho, están muy lejos de aquellas que debieron haber hecho.

De hecho, irónicamente y por más ilógico que resulte, muchas cosas buenas han sucedido por la rebelión del hombre común al “deber ser” oficial. Resulta entonces que la persona de hoy que vive o trata de vivir apegada al ‘deber ser’ de “hoy”, lo hace embriagada por la sangre y el sudor de alguien que ayer dijo que no a ese deber ser, alguien que probablemente hubiera luchado con
la misma fuerza contra la estructura deontológica de hoy.

Parece que la única forma de vivir sería entonces, no esperar nada mejor. Qué digo mejor, simplemente algo distinto.

Esa sería una conclusión posible, pero mediocre y cobarde. El deber ser de las cosas está grabado en el corazón del ser humano desde que este, como tal, empezó a existir.

La problemática real de este asunto radica en la poca capacidad que tiene el ser humano para entender que este “deber ser” de las cosas “debe ser” igual para todos. Desde la repartición de la riqueza y las oportunidades al trabajo, la educación, la salud, el desarrollo en general, hasta el acceso a la santidad deben ser alcanzables por todos.

En lo personal, no pienso que “deba ser” uno solo el sistema de gobierno, económico o religioso que deba regir a todos los hombres. Todo lo contrario, la diversidad de estos sistemas y la posibilidad de que dentro de ellos cualquier persona pueda tener acceso a la situación ideal de la realidad en la que vive ha de ser el “deber ser” natural que radica en el corazón de la especie.
Esta conclusión es bastante complicada considerando que soy una persona que se jacta de ser cristiana y que aspira a que el mundo llegue a ser un solo pueblo y viva con la armonía que provee la esperanza y la confianza en un solo Dios.

Mientras yo viva seguiré afirmando lo que hasta hoy he afirmado: Creo en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, en el bautismo, el perdón de los pecados, la comunión de los santos, la resurrección de los muertos, la vida eterna y la Iglesia Católica, pero renuncio soberanamente a alzar mi mano y mi voz contra cualquiera que no piense como yo.

Efectivamente, creo en una sola Iglesia y en un solo Dios, en lo personal, esta forma de pensar me ha permitido encontrarme con los demás como si fueran mis hermanos y ofrecerles mi vida al considerarlos reflejo de Dios.

Creo en Dios, en el Dios que está con su pueblo y que camina con él, creo en el Dios que perdona y anima al hombre que está dispuesto a intentar hacer las cosas de una forma distinta con tal de hacerlas mejor; creo en un Dios que propone, no impone y sobre todo, que respeta la voluntad de su criatura de caminar cada vez más cerca o más lejos de Él; creo en el Dios que inspira y fortalece a los inspirados, que convoca y no disgrega, que actúa y no se queda solamente observando.

Creo en un Dios diverso, creador de la diversidad; creo en un Dios único, promotor de la unidad; creo en un Dios que ama y favorece el amor.

Creo en un Dios de tiempos precisos y no aleatorios; creo en un Dios que recibe y que no rechaza; en un Dios que escucha y responde, en un Dios que sabe que quiero ser su amigo y que quiero hacer lo correcto, en el momento correcto y por los motivos correctos.

jueves, 11 de marzo de 2010

Un cuentito

Hace dos años se cayó la hoja más seca de un arbol viejo.

El árbol, como no tenía opción, la miraba desde arriba y se lamentaba porque era su hoja con más experiencia. Todos los días les comentaba a las demás hojas todo lo que habían vivido juntos y la importancia que tenía aquella finada compañera para su vida. De hecho, en algún momento, llegó a quejarse abiertamente de la incapacidad que tenían los nuevos retoños para hacerlo olvidar a su vieja amiga.

Todos los nuevos brotes se esmeraban para conseguir que el viejo árbol se sintiera bien, estuviera feliz, confiara en ellos; pero no lo conseguían.

Un día, cuando amanecía, la luz del sol tocó los extremos de las ramas más largas del viejo árbol y cuando sintió el calorcito en sus extremidades, un escalofrío, de esos que estremecen todo el cuerpo provocando un placer poco comparable, lo estremeció y despertó.

Con la luz del sol nuevo pudo contemplar todas sus nuevas hojas, con la luz del sol nuevo pudo ver a la yacente amiga con los ojos inundados de esperanza, con la luz del sol nuevo se sintió agradecido y pleno; agradecido por la bendición de haber tenido a una compañía que lo ayudó a ser lo que ahora era. Pleno, porque se descubrió capaz de seguir albergando nuevas hojas.

Mientras la luz del sol iba abrazando todo su ser sintió la cercanía de sus nuevas compañeras, las amó y entonces, empezó a dar fruto.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Confusión

Después de mucho tiempo se me hizo particularmente oportuno escribir otra vez y preguntar (me) qué pensar sobre lo que está pasando.
Definitivamente encontrar un momento en el acelerado ritmo de vida que se lleva ahora para reconocer que uno se ha enamorado es un trabajo que no suele hacerse muy seguido.
En lo personal creo que es debido a dos cosas, la primera es, que como dijera algún teólogo, enamorarse es un acto de humildad, es aceptar que la felicidad de uno no es perfecta como tal vez alguna vez se había concebido, y que para perfeccionarla es necesario compartirla y cuando uno encuentra a la persona con quien quisiera hacerlo inicia una agonía tan larga que asusta al más valiente de los guerreros. Esa agonía es la que se conoce en los bajos mundos como la época del cortejo.
A pesar de lo bello que puede ser sentirse enamorado y de la ilusión que esto provoca, nadie en este mundo puede negar la situación de incerteza que ocasiona el no saber en qué terminará este proceso.
La otra de las razones por las que según yo cuesta reconocerse enamorado es el miedo. Tal vez esta no sea una razón en sí misma, sino una consecuencia de la primera, pero por lo menos para mí es algo que pesa mucho.
Cuando uno ha pasado mucho tiempo solo se acostumbra a estar así, entonces, cuando el romance toca a la puerta, empieza un debate interno para definir los motivos por los que uno no debería cambiar ese estilo de vida tan cómodo en el que no debe rendirle cuentas a nadie de ninguno de sus actos. Desgraciadamente, a la par de esa reflexión surge la convicción de que en efecto uno no le rinde cuentas a nadie, porque realmente uno no hace mayor cosa.
Lo cierto es que en la actualidad debo confesarme confundido y miedoso, en conclusión, enamorado. ¿Me gusta? Si. ¿Me quejo? Si. ¿Me emociona? Si.
Lo importante de todo esto es que estoy viviendo una felicidad a la que no estoy acostumbrado. Tal vez sea la belleza natural de los días de noviembre, pero los días se me hacen muy bonitos. Todo es diferente cuando se encuentra una persona para compartirlo. Creo que finalmente, me animé a permitirle a alguien acompañarme a terminar mis días y siento que es lo mejor que me ha pasado.
Ciertamente, sentirse enamorado provoca una constante confusión, pero las pocas certezas que brinda aclaran el cielo, curan la gripe, mejoran la memoria, agrandan el corazón y purifican el espíritu.
Vale la pena enamorarse, confundirse y temer si la recompensa es encontrar un lugar para recostarse y terminar los días.

jueves, 20 de agosto de 2009

Una historia para usted

Corría el reloj después de las 21.00 horas cuando dispuse iniciar mi sesión para comunicarme en tiempo real con algunos de mis amigos.

La gente que uno se encuentra en estos lugares cumple con una serie de requisitos que permite calificarla como rara.

Se han inventado un lenguaje poco común -que no es más que una mezcla de idiomas- para comunicar por escrito todo lo que quieren decir. Pero eso no es todo, a la par de las palabras mal escritas y las tildes omitidas se ven con seria frecuencia los dibujos animados que les permiten expresar lo que sienten.

Aunque quisiera, no podría excluirme de ese grupo. Quisiera poder negarlo, pero yo también he omitido tildes, mal escrito palabras y puesto dibujitos. Digamos pues, que después de todo, yo también me incluyo en ese universo paralelo que creó la comunicación virtual en tiempo real. Lo cual no es del todo malo, considerando que hay personas a las que probablemente nunca les hablaría si no fuera porque existe este nuevo medio de comunicación.

No pareciera que fuera a ser una noche muy distinta a esas comunes y corrientes, a esas en las que el ocio se vuelve el único compañero y uno sólo se mantiene hablando por no perder la costumbre de acostarse después de las once de la noche.
Pero había algo diferente en la atmósfera de esta "sesión".
Cuando uno se conecta y empieza a ver las fotos de la gente que está conectada, inicia un proceso de selección natural, hay un rito que consiste en observar detenidamente los contactos y decidir con cuáles se pretende terminar la noche
En esa frenética búsqueda, de vez en cuando uno se topa con esas personas especiales, esas que se ponen de acuerdo con los ángeles para hacer que uno se sienta como que está de visita por el cielo y que también contratan con los demonios y que lo hacen a uno querer pecar.
Pocas veces uno se encuentra con esas personas que lo hacen pensar en poemas ajenos, en virtudes ajenas, en caricias ajenas, en historias ajenas.
Pocas veces se logra, pero cuando se logra se recuerda para siempre.

domingo, 19 de julio de 2009

Yo hoy

Me parece bien importante escribir sobre el momento actual. La mayoría de mis entradas se refieren a situaciones generales, son muy pocas las que han podido referirse a alguna particularidad y cuando lo hacen, regularmente nadie sabe a qué se refieren.

Hoy yo quiero escribir sobre lo más particular que conozco: Yo Hoy.

Según el reloj de mi computadora son las 5:06 p.m. del 19 de julio de 2009. El señor que se encarga de hacer la limpieza del callejón está chapeando y como siempre deja caer su poderosa arma contra el indeseable monte que malcrece en las orillas de las banquetas y de los postes de luz.
Esa batalla injusta, en la que la pobre hierba está condenada a perder, se inicia siempre con el toque del timbre de mi casa, el verdugo pide permiso para iniciar su masacre y una vez autorizado por mi despiadado papá, inicia con su descarga de filosos golpes que se prolongan por espacio de unos 45 minutos, hasta que la barbarie está completa.
Una vez concluida la matanza, como todo buen asesino, inicia la limpieza de la escena y el levantamiento de los cuerpos. Cientos, si no es que miles de pequeñas verdicidades mutiladas quedarían regadas sobre el asfalto si no fuera porque este señor (quien creo que se llama Juan) es todo un artista de su profesión.
Probablemente no parezca esto algo tan trascendental para iniciar esta entrada, supongo que las cosas como esta deben obviarse para pasar de una vez a lo importante, los detalles escabrosos que van a hacer que la gente que lee mi blog se interese por terminar la lectura...
Sin embargo, esta danza herbicida que se lleva a cabo frente a mi casa todos los meses me provoca dos grandes placeres que vale la pena mencionar. El primero de ellos es ese sonido armónico y sincronizado que resulta de la descarga de los machetazos sobre el monte, porque aunque nuestro invitado de hoy tuviera una precisión quirúrgica, no podría evitar que su arma golpeara el asfalto sobre el que crece esta hierba. Ese sonido metálico que acompaña la labor de este sujeto es una de las cosas más sencillas y más disfrutables que existen en este mundo.
El segundo placer que produce esta visita mensual es el olor de la hierba cortada. Simplemente delicioso. No podría creer que existiera alguien en este mundo que no disfrute de ese aroma. Yo no sé qué compuesto químico lo produzca, pero a pesar de la ignorancia, o tal vez por ella misma, es que me gusta tanto.
Pero no es el objetivo de esta entrada publicar mis placeres. Esta tiene que ser una entrada diferente, porque yo hoy, soy diferente.
Supongo que el ritmo de vida que todas las personas llevamos varía en muchas cosas, pero básicamente es el mismo. Es decir, todos tenemos que dormir y despertar. Lo que marca la diferencia es lo que nos motiva a hacer cualquiera de estas dos cosas.
Creo que una persona feliz duerme bien y se despierta bien. Hace todo lo que tiene que hacer y lo hace bien. Los felices, tienen esa capacidad de hacer lo mismo siempre y disfrutárselo, porque tienen la certeza de que no podrían estar haciendo otra cosa y que si lo hicieran, no serían tan felices, sin embargo, creo que la persona realmente feliz no piensa en qué cosas la hacen feliz, simplemente un feliz es feliz y ya.
Por otro lado, los que no son felices duermen y despiertan. Hacen lo que tienen que hacer -igual que los felices-, pero sueñan con estar en un lugar distinto, probablemente no sepan cual, pero suponen que así van a estar mejor, porque de hecho, cualquier cosa sería mejor que lo que tienen.
Lo que hoy me aflige es ubicarme en cualquiera de las dos categorías. Regularmente me ubico en la primera, siempre me consideré un hombre feliz, pero yo hoy no estoy convencido de eso.
Si lo veo objetivamente, no me falta nada para ser feliz, es decir, gracias a Dios tengo todo. Pero de igual forma, se me dificulta dormir y despertar pensando en que no podría estar en otro lugar. ¿Será que finalmente me estoy volviendo loco? No sé.
Si he de confesar algo es que yo hoy no me siento feliz. No me siento triste, pero feliz definitivamente no. No me quejo de lo que tengo, pero no lo quiero. No me echo la culpa de nada, pero me siento culpable. No me veo como un fracasado, pero no logro definir mis éxitos.
De verdad espero que esta situación cambie en el corto plazo, porque no me gusta ni un poquito... Pero si no cambia, me jacto de haber vivido 26 años, 7 meses y 7 días considerándome un hombre feliz, lo cual creo que ya es bastante.

martes, 30 de junio de 2009

En honor a vos, porque te extraño

A veces las publicaciones que se realizan están basadas en hechos, aquellas cosas tan curiosas que nos pasan, y que nos hacen sentir únicos en el mundo. En esa gama, podría narrar hoy que hace un par de semanas le di un cabezazo a un semáforo que me mandó al hospital y me tuvo en cama... Pero ese y ningún otro hecho importan tanto como el hecho que te extraño.
Otras veces se publica sobre sentimientos, positivos y negativos, alegrías o tristezas, encuentros y despedidas, y esta probablemente sea una de esas entradas, en las que uno escribe que gracias a Dios se tuvo la experiencia, se vivió el momento y se hizo lo que se hizo, pero que porque esta vida es una ruleta esa realidad cambió y aunque ya se sabía que iba a cambiar, ese cambio duele y duele profundo, con ese dolor sordo que no se siente pero no se olvida, con ese dolor frío que no se siente, pero lastima.
Esta seguramente es una de esas entradas en las que uno publica que todo lo que pasó se recordará con alegría, que se guardará en el corazón y que será uno de los tesoros más preciados... Pero que ese mismo recuerdo es lo que alimenta la melancolía y que seguramente esta es la parte de la vida en la que uno se hace fuerte, porque para mantener la alegría del recuerdo se tiene que cargar con la cruz de la tristeza de recordar y recordar sólo por deporte, porque por mucho que se recuerde, no se puede volver a vivir.
Esta es una entrada de esas que se publican cuando hubo un encuentro, pero que se publican precisamente porque hubo una despedida.
Esta es una entrada que publico en honor a vos, porque te extraño.

martes, 9 de junio de 2009

Hoy

Este es un poema de Andrea Aragón que salió publicado en el periódico feminista "La Cuerda" y me pareció tan bueno que lo voy a publicar yo también.

Hoy

He resuelto vivir feliz, contrario a lo que todos vaticinan entre noticieros y realidades.

Hoy decido que la palabra mañana muera, que se acabe toda predicción y posible idea de futuro.

Hoy confieso que he pasado más de la mitad de mi vida esperando algo, que era esto... esto que tengo. No había más.

Y hasta aquí llega la espera. No habrá más, esto que tengo es lo que soy. ¡Y he decidido que me guste!

Hoy jugaré como niña que sabe que es domingo, que no ha hecho la tarea y que de todas formas, no le importa.